Para la primera simulación utilizo una tasa
de contagio de 0.04, una tasa de letalidad de 0.01 y una de recuperación
de 0.9.
En esta primera simulación la tasa de vacunación es 0.
Para la segunda simulación utilizo una tasa de contagio de 0.12, una tasa de letalidad de 0.01 y una de recuperación de 0.6.
En esta segunda simulación la tasa de vacunación es 0.
Para la tercera simulación utilizo una tasa de contagio de 0.04, una tasa de letalidad de 0.01 y una de recuperación de 0.9.
En esta primera simulación la tasa de vacunación es 0.2.
Para la cuarta simulación utilizo una tasa de contagio de 0.12, una tasa de letalidad de 0.01 y una de recuperación de 0.6.
En esta primera simulación la tasa de vacunación es 0.2.
En esta primera simulación la tasa de vacunación es 0.
Para la segunda simulación utilizo una tasa de contagio de 0.12, una tasa de letalidad de 0.01 y una de recuperación de 0.6.
En esta segunda simulación la tasa de vacunación es 0.
Para la tercera simulación utilizo una tasa de contagio de 0.04, una tasa de letalidad de 0.01 y una de recuperación de 0.9.
En esta primera simulación la tasa de vacunación es 0.2.
Para la cuarta simulación utilizo una tasa de contagio de 0.12, una tasa de letalidad de 0.01 y una de recuperación de 0.6.
En esta primera simulación la tasa de vacunación es 0.2.
El indicador Ro es el número reproductivo básico. Es el cociente entre la tasa de contagio y la tasa de recuperación. Indica el número de casos que producirá una persona infectada durante su periodo de contagio en una población susceptible.
En todas las simulaciones se aprecia un decrecimiento sigmoideo de la población susceptible a medida que las personas susceptibles se van contagiando y pasan a formar parte de la población infectada A medida que la población susceptible disminuye, observamos un aumento de la población infectada de forma paralela, alcanzando un pico máximo. A partir de aquí esta población disminuye debido a las muertes y la adquisición de inmunidad.
Las 4 simulaciones representan de forma consecutiva la evolución a lo largo de 4 brotes, en los dos últimos se utiliza vacuna con una tasa del 0,2 y los brotes 2 y 4 tenen una tasa de contagio y tasa de recuperación peores sin que por ello aumente la tasa de mortalidad.
La población susceptible decrece de la misma forma en los
4 brotes, en la evolución de esta población, la vacuna no influye
ya que las curvas 2 y 4 (las más virulentas con y sin vacuna) son similares,
con una reducción más drástica de la población susceptible.
Sin embargo en los brotes más larvados, la vacuna provoca una disminución
más lenta de la población susceptible.
En el caso de la población de infectados, los diversos
brotes afectan de la siguiente forma: El brote más grave produce la mayor
cantidad de infectados, seguido por el brote grave con vacuna, que tiene una
gráfica casi similar a un brote leve sin vacuna. Cuando sucede un brote
leve en la población de vacunados se produce la mínima incidencia
de casos.
La población inmune sigue un patrón similar en las
cuatro simulaciones, Los brotes “graves” con y sin vacuna siguen
curvas casi idénticas, mientras que la evolución de la inmunidad
en los brotes leves se produce de manera estable y gradual en los vacunados,
en comparación con los no vacunados donde se sigue un patrón más
exponencial.
Las curvas de incidencia mantienen una forma similar que la población
de infectados.
La recuperación es maás rápida en los brotes
graves con respecto a los leves donde si parece influir más la vacuna.
En el caso de la muerte con los brotes leves se alcanzan picos
menores, especialmente con la vacuna. En los brotes graves hay mayor mortalidad,
limitada por la vacuna que reduce claramente los casos de éxitus, acercando
los máximos de la curva de mortalidad en brotes graves con vacuna a los
leves no vacunados.
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